"Somos seres humanos, nacemos llenos de culpa, nos da miedo cuando la felicidad se transforma en algo posible, y morimos queriendo castigar a los demás porque siempre sentimos impotencia, injusticia, infelicidad. Pagar por tus pecados, y poder castigar a los pecadores.
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Me obligo a entender la belleza del dolor, pero un dolor aplicado por la naturaleza, no por el hombre. [...] Porque para dominar al alma hay que aprender a dominar al cuerpo.
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El dolor ahora parecía invadir el alma y debilitarla espiritualmente.
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Entonces, cuando pensaba que iba a decistir, un extraño sentimiento la invadió: había llegado a su límite, y más allá había un espacio vacío, donde parecía flotar e ignorar lo que sentía. ¿Sería ésa la sensación que experimentaban los penitentes? En la otra extremidad del dolor descubría una puerta a un nivel diferente de conciencia, y ya no había espacio para nada más, sólo para la naturaleza implacable, y para ella misma invencible.
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No sabía si era el frío o el sufrimiento, pero de repente dejó de sentir su cuerpo, entró en un estado en el que no hay ningún deseo ni miedo, sólo una misteriosa "paz". El límite del dolor no era su límite; podía ir más allá.
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Había cruzado las fronteras del cuerpo, y ahora simplemente le quedaba el alma, la "luz", una especie de vacío, que alguien algún día, llamó Paraiso.
Hay ciertos sufrimientos que sólo pueden ser olvidados cuando podemos flotar sobre nuestro propio dolor."
Paulo Coelho, 11 minutos